Comentario del libro por José Antonio Lugo

Hace miles de años, en el Neolítico, un hombre, quizás una mujer, se detuvieron en su andar para mirar el cielo y contemplar las estrellas. La sensación fue de asombro ante esa belleza y esa inmensidad. Ptolomeo, muchos siglos después, describió esa sensación en un poema: “y al verlas, estrellas, me uno a mi parte de Eternidad”. Pero ya dimos un gran salto y todavía no es tiempo, así que regresemos.

Mucho antes de Ptolomeo, nuestros ancestros comenzaron a descubrir los ciclos del cielo. Lo más fácil fue el movimiento de la Luna, que cada 28 días y medio completa su ciclo de crecimiento, luz y decadencia. Después se fueron fijando en otros astros –los planetas-. Más adelante,  con el conocimiento de la geometría, fue posible trazar el horóscopo de una persona, para un tiempo y un lugar determinados. Finalmente la humanidad había creado la primera “carta natal”.

Durante siglos, ser astrólogo y ser astrónomo era la misma cosa.  Se consideraba al Cosmos como un todo unitario en donde había un orden celestial que aceptaba la magia de la existencia. Dicho de otra manera, se aceptaba que la vida, además de sus ciclos -previsibles al fin-, y del movimiento de las causas y las consecuencias, tenía además un componente mágico, que provocaba para algunos desventuras y pesares y, para otros, milagros y ganancias inesperadas. La carta del Tarot de “la rueda de la fortuna” y los cantos de Carmina Burana -con la exaltación de la Fortuna como Emperadora del Mundo-, nos dan cuenta de ello.

Con la llegada de la Ilustración, definimos criterios de verdad que sin duda son útiles para los fenómenos materiales, pero no lo son para los universos simbólicos, como la literatura, el arte y la astrología. De modo que el arte milenario que nos convoca hoy pasó a ser, para muchos, un territorio esotérico y, en el peor de los casos, poco serio.

Este pequeño viaje que he hecho con ustedes tenía como propósito preguntarnos: ¿Qué es la astrología hoy y para qué sirve un astrólogo en el siglo XXI?
La respuesta a la primera pregunta es que la astrología es una tradición cultural viva, que tiene miles de años de sabiduría acumulada e ininterrumpida. Es un universo simbólico que, utilizando al mundo griego, nos da un retrato de la psique humana y un método para predecir los ciclos de la vida. Puede ser también, en manos adecuadas, un camino de luz, conocimiento y sabiduría.

Por su parte, el astrólogo es un intérprete, un vínculo, un cristal, que utiliza sus conocimientos técnicos para a partir de ellos usar su sensibilidad y su imaginación para proveer al cliente de un retrato de su personalidad, de un soporte emocional y de información que le ayude a la toma de decisiones, información que le dé luz sobre su camino en un periodo de tiempo determinado.  

He dado un largo rodeo para llegar al motivo que nos ha convocado esta noche. Estamos aquí para presentar el libro Las herramientas de la astrología, de Walter Anliker. El título en sí ya es significativo. La astrología es un conjunto de herramientas que nos ayudan a comprender el movimiento de la vida, que hacen posible –si el astrólogo domina esa herramienta- que el consultante encuentre en la consulta información que le permita entender su pasado, comprender mejor su presente y prepararse para los ciclos del futuro.

El autor presenta su libro y lo inserta en un mercado editorial donde hay decenas de libros de astrología que se pueden encontrar en cualquier librería especializada, una bibliografía quizá muy grande para quien no sabe suficiente y muy pequeña para los que hemos estudiado más tiempo. Déjenme contarles que hace dos o tres semanas, en la librería Nalanda de Coyoacán, una mujer estaba preguntándole al dependiente por un libro sobre las casas en astrología. Me acerqué,  le comenté que era astrólogo, que daba clases y que dirigía una revista de astrología y le sugerí que comprara el libro de Walter. Le di también mi email por si se le ofrecía alguna información adicional. Días después me llamó para agradecerme la sugerencia, me dijo que había leído Las herramientas de la astrología y que su lectura le había aclarado muchas dudas sobre diversos tópicos astrológicos.

Esa es una de las principales cualidades del libro de Walter. Es un texto claro, conciso y directo. No ofrece información que no viene al caso. Es un libro puntual, sólido, ameno; un libro imprescindible para un estudiante y un libro de consulta para quien se está iniciando en este arte milenario. Hacen falta libros así, ya que lo que más hay son libros muy malos ó libros muy técnicos –o muy profundos- como en el caso de los de Liz Greene, que no son fáciles de leer por quien todavía no domina el alfabeto, por llamarlo así, del universo astrológico.

Y como no se puede medir una obra sin asomarnos a su creador, quiero decir dos palabras sobre Walter. Es, antes que nada -y no es poca cosa-, un buen hombre, un hombre bueno. Nació en Zurich, un amigo lo llevó a trabajar periódicamente a Brasil, donde atisbó la sensualidad y la alegría de vivir de esas tierras y finalmente aterrizó en México. Comenzó cocinando pizzas -aunque ustedes no lo crean-, y se fue formando como astrólogo profesional. De hecho, ya había estudiado en Suiza con Doberainer, muchos años antes de emprender sus viajes.

Lo conozco hace años y me honra ser su amigo. Puedo decirles que su vida es sencilla y frugal. Come lo mejor para su cuerpo, es terapeuta de flores de Bach y el creador de un nuevo sistema floral –las flores de Xochimilco-. Su  conocimiento astrológico le ha ganado reputación, una sólida clientela y muchos alumnos. Yo, que me precio de ser astrólogo, cuando tengo una duda técnica recurro a él. Walter, siempre generoso, me atiende con la objetividad que lo caracteriza y con un profundo deseo de servir.

Ese deseo de servir lo llevó a crear una revista para la difusión de la astrología, que llamó Observaciones astrológicas, en homenaje al libro del mismo nombre de Jean Baptiste Morin, Morinus. Años después esa revista se convirtió en Casa 9, que comenzó con la dirección de Patricia Morales y ahora está, para mi buena fortuna, en mis manos. Walter siempre está aprendiendo y enseñando y ha decidido dedicar su vida a servir a los demás aquí, en México, en los rumbos de Mixcoac, donde vive con Gregoria y su hija Ana, y también en Guadalajara y Puebla a dónde viaja periódicamente para dar talleres y cursos.  

No sé qué tránsitos trajeron a Walter a nuestro país y a esta ciudad, pero todos debemos alegrarnos por ello. No sobran los seres humanos de gran corazón –detrás de su seriedad se esconde un niño grande, inquieto y curioso- que con la meticulosidad de un relojero suizo va desentrañando los misterios del universo para utilizarlos al servicio de los demás. Parte de sus hallazgos es esta síntesis que hoy presentamos en forma de libro. Al hablar de herramientas el autor se coloca bajo la protección divina de Mercurio, el Hermes de los griegos, patrono de los artesanos y de quienes desarrollan una habilidad especial, una técnica, un conocimiento especializado.

De modo que, bajo el auspicio de Hermes, presentamos Las herramientas de la astrología. Los invito a comprar y leer el libro de este Acuario ascendente Escorpión, mi amigo Walter Anliker.

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